Después de 18 años fuera de mi país la ilusión de volver a mi tierra natal me llenaba de alegría y de sentimientos que no podía separar de mi lado, pero entre el ruido de los carros y el de una ciudad como Santiago de Cali que constantemente está creciendo puede oír las voces de muchos inocentes que se exhiben por una moneda al lado de las avenidas, en semáforos y restaurantes como Mcdonalds, pequeñas voces victimas de la violencia, el maltrato y la explotación, cuyos juguetes son naranjas y limones con los cuales hacen malabares antes de que el semáforo cambie a verde para que alguien desde algún automóvil arroje aunque sea una moneda.



